Triunfos robados…

Mayo 30, 2007

Por 1916

No puedo ser como otros compañeros americanistas que ven ese lado “optimista” del asunto, mencionando que Pachuca ganó bien y que incluso nos superó. No. Y lo digo de esta manera porque no fue así. Tena, después del gol se echó para atrás, como el más grande de los cobardes. El América perdió la final, no la ganó Pachuca. El América se descalificó de la Libertadores, no los brasileños nos arrebataron el triunfo. Hagamos un recuento de lo sucedido. En el campo de Santos (por cierto, nefasto: enlodado y encharcado) el América “B” logró una victoria parcial, mientras que Tena echó al equipo atrás para defenderse (escuela lapuentista). En el juego de ida contra el Pachuca, todo el desconcierto comenzó a raíz de un error de Ocha (por un disparo raquítico de Cacho). Nos fuímos con un penal regalado (claro, después de todo un partido de favoritismo marcado hacia Pachuca). Y la vuelta, con un Pachuca tirado atrás y con un América lanzado (con grandes carencias, salvo Blanco) al ataque sin idea. Tuvo que ser… sí, Cuauhtémoc Blanco, para colocar a los cremas arriba en el marcador, y para que Tena, una vez más, de manera cobarde, tirara atrás a un equipo que jugaba más con el corazón que con técnica futbolística… y vino lo que ya sabemos. Claro, otra cosa que no se quiere reconocer, el penal no marcado. Es verdad, eso es historia, pero ahí quedará. Pero en esta ocasión no se puede decir: ¿quién es el que compra finales? Claro, el América siempre será ese villano, no un equipo mediano que tiene una imagen muy familiar, con posters de los familiares en lo alto del estadio… y claro, ¿pero como ellos pueden cometer tal perjurio?

Ahora llaman al Pachuca equipo grande. No señores, tener cuatro titulos (creo) en ocho años de cien de historia no es ser un equipo grande (no pierdan los pies de la tierra). Para eso se necesita ser algo más. Por supuesto, los millonarios de eso pueden hablar, más no otros que apenas estan creciendo.

Para nosotros esto fue un fracaso. Nunca soñe con este equipo, un equipo que desde hace un año venía mal, y mucho menos pensé que llegaríamos hasta aquí, y cuando por fin se logró, una vez más, se fracaso. NO. No somos un digno subcampeón, a nosotros no nos consuela eso, al contrario, nos molesta, sobre todo de la manera en que sucedió. Para nosotros esto significa haber perdido la temporada, nada más. Quizá, para otros, significó haber visto a los cremas perder una final. Una final en el América es algo normal, por lo que al perderla, se haber perdido un partido más, porque estoy seguro que volverémos a llegar aún cuando tengamos el peor equipo del fútbol mexicano. Estar en finales, es una costumbre.

Hoy leí que Tena se quedaba, que error, parece no se aprende de cobardes y de triunfos robados, pero de una cosa estoy seguro, segurémos apoyando al Ame pkr siempre.


Pachuca 1 (3) – América 1 (2)

Mayo 27, 2007

     

Torneo Clausura 2007, FINAL (Vuelta).

Domingo, mayo 27, 2007, 20:00.

Transmisión: TV Azteca (canal 13).

Estadio Hidalgo, Pachuca, Hidalgo, México.

Último encuentro: América 1 – Pachuca 2.


Un partido más… la final

Mayo 26, 2007

Por Enrique Monroy

Nuestros cantos se escuchaban. La Monumental, la Porra Familiar y todos aquellos que íbamos acompañados de nuestra chica o de las familia en general no parábamos de sonreir y de corear “Águilas” cuando el sonido local colocaba un loop con la palabra América. Todo esto comenzó desde la calzada de Tlalpan, desde el Viaducto, escuchando a GBH, a los Buzzcocks. Llevando nuestra bandera en la puerta del copiloto y tocando el claxón con otros automovilistas. Estabamos felices a pesar de la desilucionante derrota (ante un equipo que en realidad no traía mucho, más que ser de “Brasil”) ante el “flamante” Santos, llegábamos ilusionados con que la tarde-noche de ayer prometía ser distinta.

Al llegar, tuvimos que dejar nuestro “vocho” afuera del estacionamiento del estadio, porque a Moni se le hizo tarde y ya no alcanzamos espacio. Cien pesos el lugar en un camellón. ¿Pero qué importa? Seis tacos de canasta. Cuatro para mí, dos para ella. Le pregunté si deseaba algo, cualquier cosa: una gorra, una playera… Nada, respondió. Era la tercera vez que acudiamos al estadio en dos semanas, superando lo más que pude mi fobia a la altura, al vertigo. Vimos a los cremas cuando Santos nos empató y cuando le ganaron a las chivas el segundo clásico de la temporada. Cabañas anotó el gol del lado donde nos encontrábamos. Un señor que no conocía y que tal vez nunca vuelva a ver me abrazó y festejó el gol conmigo mientras Móni gritaba eufórica el gol de la victoria. El vertigo desapareció y me olvidé de mi enfermedad. Era la gloria. A la postre ganarían el tercer clásico en el Jalisco y pasaríamos a otra final más. Como costumbre.

Móni consiguió boletos en la parte baja, porque le comenté que ya no quería sufrir la altura. Hizo lo posible por conseguir los setecientos pesos que costaban ambos boletos. Era bastante para dos estudiantes. Pero era el América. Dentro, los cien pesos del “estacionamiento” y los setecientos pesos de nuestras plateas eran nada. El estadio se veía hermoso de amarillo. Siempre habíamos querido estar en un partido campeonato. Solo tenía las imagenes de los videos de los campeonatos en los ochenta. Me imaginaba era grandioso. Pero ya estaba y sí, en efecto, era grandioso. Estar dentro era inigualable. Después de entrar por un túnel, y salir para ver el estadio, aquello parecía una batalla: los tambores, los aplaudidores, las trompetas, los claxónes de “Torton” y los gritos. Entonces salió Ochoa, todo el estadio se volcó hacia el nuevo ídolo azulcrema, hacia el nuevo emblema. Él aplaudió, hacia todos los lados del estadio. Después el equipo, lo mismo. Siguió Cuauhtémoc. Nos levantamos, aplaudimos. Su último partido en el Azteca. Fue triste. Se retiró el número 10. Justo. Una serie de fotografías de “Temo” se pasaron por las pantallas del estadio. Nos volvimos a levantar y aplaudimos. Una noche comenzaba. Una noche que prometía ser distinta.

Pero no. Un arbitro tendencioso nos hizo la noche terrible. Penaba todo. Todo contra el equipo millonario. Los empates americanistas dieron fruto, un gol. Nos levantamos, gritamos. Besé mi bufanda, Móni ondeaba la bandera. Regresé la mirada al campo y la tregedia: fuera de lugar. Nuestros gritos se ahogaron. Nos sentámos con molestia, enfadados y mentando madres al arbitro. Tiro de esquina. El abitro, calvo y lento parecía nos podía ver desde su sitio. Un hombre que venía con su novia -igual que yo- se levantó y le comenzó a gritar grosería al silbante. Me uní. Su chica tomaba confianza y también gritaba. Móni había perdido la cordura desde el partido contra Santos. El tiempo seguía su curso. Nos estabamos volviendo locos. El hombre sin pelo marcaba todo contra nuestro equipo. Estábamos enfurecidos. El partido era trabado, pero los campeones de Sudamérica no hacían mella en la defensa “crema”. Tuvo que surgir un error, esos que siempre doblan a los esquipos grandes. Ochoa, en un disparo rutinario de Cacho, dejo ir el balón entre sus manos. Quédamos en silencio.Miré el campo tratando de ver una bandera alzada, una seña del juzgador marcando una pena. Pero nada. Había sido gol. Observé a Ochoa desde mi asiento llevándose las manos en la cintura e intentando no mirar hacia la tribuna. Sabía lo ocurrido. Solo un par de minutos después comenzó el desconcierto.

En la tribuna gritában, alentában. Confieso que me quedé callado. Traté de analizar lo ocurrido y lo que estaba sucediendo en la cancha. Pero no había explicación. Había sido un error de Ochoa. Una jugada que lo devolvió a la humildad de manera tan amarga. Nada le salía al cuadro “azulcrema”. Nada. Vino el otro gol y sabía estábamos perdidos. Las burlas de los escasos aficionados “tuzos” se escuchaban más fuertes que nunca, sus pocas banderas ondeaban y nosotros teníamos una mirada distinta. No era justo. No habían jugado bien y Tena no tenía un planteamiento adecuado. América salió a jugar a la “italiana”, pero con la diferencia que no teníamos a Maldini o Gatusso. Fue fatal todo aquello. Alzámos la cara y comenzámos a gritarle a los “cremas” que jugarán bien. Era un desastre. El arbitro seguía marcando todo a favor de los pachuquenses y solo entonces supimos que no ganaríamos esa noche. Le dije a Móni que no podíamos perder, que debíamos irnos al menos con un dos, a dos. Miré a la tribuna y todos estabamos desconcertados. El sonido local colocaba aquel loop que tanto nos había hecho gritar al comienzo del encuentro pero ya no se escuchaba como antes. Se oía apagado, furioso, molesto. Un chico, alcoholizado, gritaba hacia el campo animando al América, otro, girando su playera americanista como incitando a pelear, otro, aventaba su casa desde la zona general y veía como caía en un lugar que no alcancé a distinguir. Era fatal todo eso.  Solo una pena máxima nos hizo revivir, nos hizo levantar de aquel letargo en el que estabamos minutos antes. No sé si fue en realidad una falta. Los reportes en la mayoría de los periódicos decían que no, pero ¿quién del mundo deportivo quiere al América? Muy pocos. Nos levantámos. Saqué mi cámara y grabe lo que a la postre sería el último gol de nuestro ídolo en el estadio Azteca. Gritaron. Estaba feliz, sabía que un dos a uno no era lapidario. El juego siguió solo para dejarnos ir entre la lluvia y sueños y frases positivistas. Los americanistas, esa tribu que somos nosotros, que no solo apoyamos al equipo cuando estan en finales, salimos con la cara en alto y con la sentencia de que esto no se quedaría así. Los cantícos eran determinantes, allá, en la bella airosa saldrémos campéones. La historia lo demuestra.

Móni y yo regresamos a casa entre avenidas desconocidas y platicando como nunca. Me confesó que cuando Ochoa cometió el error sintió feo por el. Pobrecito, me decía. Pero despúes pensé… no, fue un error grande, que poca madre, concluyó. Solo Móni podría decir ese tipo de palabras cuando esta enojada, cuando algo le duele en el alma. Esto lo merecía. Todavía durante el camino recibimos burlas. Nuestras playeras nos delataban, pero nosotros solo seguíamos y no hacíamos caso. Era una noche distinta, entre lluvia, despedida y derrota. Estuvimos en la final cabrón, le dije a Móni. Ella, feliz, se recargó en mi brazo mientras metía la segunda velocidad de mi escarabajo noventa y tres para  seguir rumbo a casa y estrenar el dómingo una playera que me compré saliendo del partido, porque Móni me dijo que se me veía muy linda y que tendría que estrenarla por si éramos campéones.


América 1 – Pachuca 2

Mayo 25, 2007

     

Torneo Clausura 2007, FINAL (Ida).

Domingo, mayo 20, 2007, 20:00.

Transmisión: Televisa (canal 5 ó 9).

Estadio Azteca, Ciudad de México, México.

Último encuentro: Pachuca 1 – América 0.


Santos 2 – América 1

Mayo 23, 2007

     

Torneo Copa Libertadores 2007, Cuartos de final (Vuelta).

Miércoles, mayo 23, 2007, 19:45.

Transmisión: Fox Sports.

Estadio: Urbano Caldeira, Brasil.

Último partido: América 0 – Santos 0.


Guadalajara 0 – América 1 (2)

Mayo 19, 2007

     

Torneo Clausura 2007, Semifinal (Vuelta).

Domingo, mayo 20, 2007, 18:00.

Transmisión: Televisa (canal 2).

Estadio Jalisco, Guadalajara, Jalisco, México.

Último encuentro: América 1 – Guadalajara 0.


América 1 – Guadalajara 0

Mayo 18, 2007

     

Torneo Clausura 2007, Semifinal (Ida).

Jueves, mayo 17, 2007, 20:30.

Transmisión: Televisa.

Estadio Azteca, Ciudad de México, México.

Último encuentro: América 1 – Guadalajara 0.


América 0 – Santos 0

Mayo 15, 2007

     

Torneo Copa Libertadores 2007, Cuartos de final (Ida).

Miércoles, mayo 16, 2007, 19:45.

Transmisión: Fox Sports.

Estadio: Azteca, Ciudad de México, México.


¡Awante esta semana!

Mayo 14, 2007


Navia… nuevo refuerzo crema

Mayo 13, 2007

El chileno Reinaldo Navia, quién en algú tiempo vistiera las playera azulcrema, lo volverá a hacer como refuerzo de la Libertadores. Se reportará este martes en Coapa para comenzar a integrarse al equipo. Tena dijo que Navia era la mejor opción porque conocia a la institución y sabe lo que significa portar la casaca millonaria.